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martes, 15 de marzo de 2011

Sueño sin dueño



Iba ella, más bien incómoda, en su sencilla bicicleta -sin cambios, sin suspensiones, sin luces, sin espejos, sin frenos-, a más de cuarenta kilómetros por hora bajando por esa gran avenida que tenía una inclinación mayor a los treinta grados, suficiente para transformar su osada travesía en un accidente irreversible.

Alcanzó a ver el cambio de luz a la distancia, alcanzó a sentir la aceleración sobre la primera marcha de tanto auto, micro y camión que se encontraba tras el paso de cebra, alcanzó a sentir los gritos de los caminantes y el grosero bocinazo que, eso sí, esta vez cumplía su función.

Abrió los ojos e inhaló profundamente llegando, así, a sus pulmones un olor que sabía a un millón de posibilidades y a ninguna en particular. Miró caras, escuchó voces, pero nada más.

Fue ahí cuando la metáfora se enamoró del semáforo.

Continuará...

sábado, 12 de marzo de 2011

Alas Alfa

ALARGADA la expresión del que espera que lo que está viviendo no es definitorio, que es solo el paso intermedio entre hoy y el dia en que las cosas empiezan a ser como se supone que deben ser, ignorando deliberadamente que no hay tal cosa como un sueño prometido, que no existe el derecho a ser feliz, mucho menos la garantía, que aquél del que uno se compadece puede ser uno y no le día de mañana, sino que ahora mismo, mientras se escribe la palabra autocompasión.



Alambrada la vecindad del barrio de la desolación, sobretodo cuando uno recién se ha mudado. Cuesta salir a pasear, contanimarse a levantarse y recorrer porque sí, respirar hondo y creerse el cuento que nada es tan malo como parece, saludar a través del alambre al vecino por difícil que parezca que éste pudiera saludar de vuelta, recoger el pedazo de periódico o diario o semanario o nadiesabenario que llegó volando desde el exterior y querer leerlo, cual si fuese al esperanza del prisionero del gueto que sólo quiere salir. Mirar hacia arriba y notar que es solo un alambre que es mucho más fácil de derribar que al hambre.

Alharaca vergonzosa el creer que uno importa, el creer que uno siente, el creer que esto es dolor. Comparado con aquel otro o aquella una, esto no amerita ni mil palabras es un espacio libre, abierto pero olvidado. Es una lujosa pérdida de tiempo, una grosera forma de desperdiciar la paciencia de los que sienten de verdad, un abuso de la inequidad para obviar, incluso si es solo por unos días, una verdad que es bastante menos atractiva que la de creerse uno más, con derecho a sentir pena por haber perdido un reloj.

Alarmada la respuesta ante la perspectiva de un corto plazo solitario e incierto y de un largo plazo aún más incierto, por tanto, quizás aún más solitario.

Alabanza inapropiada para el bueno, para el malo y para el feo.

Alasala los temores, los rencores, los pormenores.

A la cama la calma.

A la larga, las ganas ganan.

A la ...

¡Alakazam!

Continuará...

viernes, 4 de marzo de 2011

La defensa de Misha

A MISHA le contaron de otra forma la Defensa del poeta, esa defensa llena de pura indignación pura, de verdades reprobadas por algunos, pero bien dichas y escritas.
Mientras sus ojitos se hacían cada vez más negros por la atención, descurbió que él era su padre, que él era su defensor.



"Por qué te entregas a esa piedra
Niño de ojos almendrados
Con el impuro pensamiento
De derramarla contra el gato.
Quien no hace nunca daño a nadie
No se merece tan mal trato.
Ya sea blanco y pensativo
Ya melancólico y naranjo
Debe ser siempre por el hombre
Bien distinguido y respetado:
Niño perverso que lo hiera
Hiere a su padre y a su hermano.
Yo no comprendo, francamente,
Cómo es posible que un muchacho
Tenga este gesto tan indigno
Siendo tan rubio y delicado.
Seguramente que tu madre
No sabe el cuervo que ha criado,
Te cree un hombre verdadero,
Yo pienso todo lo contrario:
Creo que no hay en todo Chile
Niño tan malintencionado.
¡Por qué te entregas a esa piedra
Como a un puñal envenenado,
Tú que comprendes claramente
La gran persona que es el gato!
...
Piénsalo bien y reconoce
Que no hay amigo como el gato,
Adonde quiera que te vuelvas
Siempre lo encuentras a tu lado,
Vayas pisando tierra firme
O móvil mar alborotado,
Estés meciéndote en la cuna
O bien un día agonizando,
Más fiel que el vidrio del espejo
Y más sumiso que un esclavo.
Medita un poco lo que haces
Mira que yo te estoy mirando,
Di a Nicanor que te perdone
De tan gravísimo pecado
Y nunca más la piedra ingrata
Salga silbando de tu mano."

Una vicita en homenaje al gestor y al contenido vicitado, sin vienesa, claro, pues ya no vienes a... a... a... aquí.

Continuará...

sábado, 26 de febrero de 2011

Animoácido



¿CUÁNTO hemos aprendido, ya, de la vida celular? La vida del que sin ganas de atender a lo visible, se avoca a lo invisible. Teniendo una familia y amigos enfrente, prefiere el diálogo sostenido con sistemas automatizados de oferta comercial, el aporte decimal a una discusión aperenne, la lectura silenciosa de palabras que no irán a ninguna parte, por lo que pueden esperar. No siempre lo esencial es invisible a los ojos, quizás sí a los cojos, pero aquellos que perdieron un ventículo, no un artículo... activo, una articulación.

Así perdemos la capacidad de conocernos, de recordarnos, de vivir de corrido, de percibir los detalles que luego los libros de historia no son capaces de explicar, de sentir el afecto dedicado y personal que no se compra ni se aprende, de esperar, de esperar y de esperar.

No es aquél un servidor de la humanidad, es hoy la humanidad que lo posee la que está al servicio de él. Y se burla de nosotros por ello, el muy insensible.

Claro, también es capaz de demostrar cariño. Entel, nos preguntamos si es él realmente el problema o le echamos la culpa para sentirnos más humanos.

Sólo nos queda esperar que pase de moda, esperar que sea solo una moda y esperar que seamos aún humanos para entonces. Esperar la espera, esperar la espectativa y esperar la esperanza. Sin desesperar.

Continuará...

lunes, 21 de febrero de 2011

Año Zywba, el Año del Oriol


Me encontraba por protocolo en la casa de unos desconocidos, inmerso en una conversación sin polémicas ni excavaciones por lo que participaba con respetuosas pero desmotivadas frases de propaganda. Por lo que no sin sorpresa tuve la oportunidad de escuchar una gran historia del siglo XVII sobre Gaspar Zywba, señor de Albacete, que se narra de la siguiente manera:

.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.

Gaspar Zywba -quien hacíase llamar Gaspar Oriol para esconder su origen inconveniente-, era un señor burgués dueño de unas tierras ubicadas en Albacete, España, y, debido a la obra de sus antepasados en el sector, poseía gran influencia sobre todo el poblado en un radio de unos diez kilómetros.

Culto, inteligente, bondadoso pero estricto e impertérrito, Gaspar Oriol se pasó la mayor parte de su vida dedicado a mantener el orden en sus tierras junto a su irremplazable e impostergable pasatiempo, el estudio de las ciencias. Así fue como, al hacerse mayor, se vio inmerso en su propia compañía, lejano del pronóstico de una boda y mucho más distante de una familia de su propiedad.

Dentro de todas las áreas del conocimiento, tenía una particular afición por los calendarios, rama particular de la astronomía, de modo que en todo el poblado había una clara noción del día exacto en que cada cosa ocurría, lo que favorecía bastante las labores de cultivo. Como no ocurría ni en las grandes ciudades, cada habitante sabía con exactitud la edad que tenía y la de sus hijos, los años que llevaba trabajando, los días de enfermedad, los días que faltaban para el pago de impuestos, en definitiva, un orden que se adelantaba a la época.

Si bien la población no gozaba de libertades ni mayores derechos y lamentaban el arduo nivel de trabajo que tenían que cumplir de acuerdo a los estándares del señor Oriol, la mayoría no se quejaba y disfrutaba de las generosas regalías, en contraste con otros burgueses, que Oriol les ofrecía. La vida en la ruralidad de Albacete era tranquila, privada de las libertades de nuestros siglos, pero segura, por lo que más que rechazo hacia la figura de Gaspar Oriol, había cierto respeto y necesidad creada de su fuerte presencia.

El tiempo pasaba y Gaspar Oriol no se hacía más joven, al contrario, sabía que debía encontrarse al borde de la muerte, pues, producto de una serie de osadas exploraciones entre arrebatos científicos, había sucumbido a múltiples enfermedades.

Ya a sus 27 años, decidió que no habría de pasar de los veintiocho. Fue entonces cuando hizo público un contrato con su región, en el que explicitaba la herencia de sus tierras a todos y cada uno de los habitantes y granjeros de la misma, lo que se haría efectivo el día mismo en que cumpliera veintiocho años, a saber el 25 de mayo, día de Santa Sofía, de 1625 d.C., fecha en que él mismo contaba con que fuese su último día de aire.

La revelación de tal noticia generó tal revuelo entre los habitantes de los alrededores de Albacete, con una mezcla entre solemnidad y alegría, que muchas labores fueron descuidadas. La efervesencia fue fomentada por las palabras del señor Oriol en la ceremonia de comienzos del año(1625), a quien el júbilo de su gente por el día de su muerte sólo lo alegraba más respecto a un hecho que él ya había asumido con total tranquilidad.

"Veintiocho años de experiencia, veintiocho de aprendizaje. El universo del conocimiento es infinito, pero como ni cien años son suficientes para digerirlo todo, me siento satisfecho y cumplido con mi oportunidad y espacio en esta historia. Veintiocho años de naturaleza y de sol no sólo son bastante... son bastanto, tanto cariño, tanto aprecio, por la vida y por la tierra".

Sus palabras recorrieron los diez kilómetros de radio donde su nombre además era renombre, si bien había un dejo de melancolía en la espera, predominaba una sana ansiedad.

Un día Veintiocho, a Veintiocho días del día en que cumpliría Veintiocho, comenzó la cuenta regresiva comunitaria. Cada casa, cada posada, cada granero, registraba el número de días que faltaba para su libertad y para la liberación de Don Gaspar Oriol.

Y, así, un veinticinco del cinco del veinticinco, cual vaticinio, Zwyba dejó de respirar en el mismo instante que la gente que poblaba los diez kilómetros a la redonda de su lecho comenzó a hacerlo.

.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.·.

DE ESTA MANERA, se instala en la región y en lugares remotos y más remotos la conmemoración del Año Zywba, o Año del Oriol, que sólo los más afortunados tienen la oportunidad de vivir*. Tal año consiste en que cuando ocurre que la cuenta regresiva desde tal en que se cumple tal comienza exactamente un día tal. Para tal ocación, el festejado, o su familia, debe realizar una acción benéfica cada día que antecede al día de Oriol, su cumpleaños, culminando con una celebración de alegría y regocijo brindada por él mismo.

Es costumbre, sobretodo en la zona de Albacete, calcular el año de Oriol de cada recién nacido, llegando incluso, en muchas ocaciones, a interferir -en la medida del lo posible- en la fecha de nacimiento de cada niño para que puedan vivir su Año Zywba.

El festejo refleja lo mejor de los vestigios de los valores de una población que ha aprovechado sus costumbres por años para mejorar su entorno en vez de castrarlo y reprimirlo, espíritu que hoy ya no tiene barreras políticas ni geográficas y puede sentirse en particulares lugares de todo el espectro de la cultura occidental.


*Matemáticamente, sólo aquellos cuya relación de paridad entre su día y el mes anterior al suyo sea inversa, vale decir (par, impar) o (impar, par) respectivamente, cumplen con el requisito para celebrar el Año de Oriol.

Continuará...

sábado, 19 de febrero de 2011

Comprando chocolates

Odiaba ser confundido. Odiaba ser saludado tan afectuosamente por extraños. Odiaba recibir buenas notas que no eran para él.
Fue a la peluquería del frente, al supermercado y también a la zapatería.
Camino a la escuela, se encontró comprando chocolates en el almacén de la esquina.
-¿Qué hago comprando chocolates?- le dijo.
-Pues, eso es lo que debiera estar haciendo.
Le creyó. Él era Diego. Les dio la razón.
Al día siguiente continuó atendiendo el videocentro más cercano.


¿Y, nos preguntamos, dónde podíamos encontrar ese videocentro? Pues hace rato que nos vemos comprando chocolates.

Continuará...

sábado, 5 de febrero de 2011

Porquería, por supuesto

Toda vida tiene su grado de dificultad y su respectivo dolor asociado, incluso si se intentase describir el caso hipotético de quien no tiene dificultades, esta precisa carcterística es lo que genera la dificultad y el dolor. Sin embargo, esto no es razón para evitar ser uno mismo causal de alguna de estas dificultades. Por ética, por decencia, por cariño, por favor.

Rgua, inicios del siglo XXI

Continuará...

domingo, 30 de enero de 2011

Su realismo, mi realidad






Así como las hormigas de Dalí jamás se irían de sus sueños, las mías no se alejarán de mi recuerdo ni mucho menos serán exiliadas.

Ahí están cargando ordenadamente el dolor, el cariño, la entretención, la esperanza, la amistad y el clamor, de los más puros. Ahí van doblando la esquina, sobre la gran piedra pintada de blanco que aplasta las piedrecillas de condena lúdica bajo el amparo de Moisés Mussa; ahí están en la tina y en la ducha, conectadas, acechantes, espectantes; ahí las veo bajando por los tejados y luego los árboles, luego los pastos y luego los brazos, emocionadas, desatando nudos que pensaban que ya no volvían; ahí se multiplican, maravillosas, únicas; por allá van cautelosas, valientes, maternas y fieles.

Ellas fueron mi Elvisivninvisivle, ¿Elvis invisible?. Fotos, cartas, carteles, dibujos, paneles, recortes, canciones y libros. Así como también fueron el portal de la madurez y de la responsabilidad, consecuencia de sus aventuras y pasatiempos. Recibieron odios, pero a quién jamás le importó: no a los internos ni a los externos, pues recibieron por sobretodo una prioridad incalculable, inocente e inesperada.

Mis hormigas rompen prejuicios, se pasean por mi juventud y coronan a una época imprescindible e intranzable. Pero mis hormigas también me miran con ojitos tristes, temerosos ante la presencia del legado y es cuando el recuerdo se sale de su encubadora, de su cuna, de su lugar y juega a ser presente, regalando sonrisas, miradas perdidas, más nudos y corroborando que once años no son, como tampoco lo serán treinta, suficientes.

¿Y por qué, hormigas, tomaron ese bus? ¿Cómo, hormigas, tomaron ese bus?

Que me lo vengan a decir a la cara, aquellos que no tienen la respuesta, que se atrevan a decirlo. Que se salgan de su escondite los que especulan de vacuidad y me enfrenten.

¡A ver cómo les va con mi realidad!

Continuará...

martes, 14 de diciembre de 2010

Tener un árbol, plantar un libro, escribir un hijo







Pienso, luego existo. Siento, luego soy. Soy y luego lo siento.

En su calidad de sensible, el perverso ser humano ha admitido tener un afecto particular por ciertos valores, por ciertos objetos, ciertos personajes de ficción, inciertas ideas. En mi calidad de insensible, persevero en decir que no creo que se le deba restar valor a los tres fundamentos propios de aquellos animales, animales de los nuestros. Son estos pilares mucho más sólidos que lo sólido en sí mismo, mucho más armoniosos que la música en si, mucho más claros que claros amores, son clamores: el clamor al hogar, el clamor a la vida y el clamor a la lucha.

Por más que hoy la superficialidad y el consumismo pretendan sobreponerse a estos clamores, se sabe que en el fondo de cada cerebro humano están los recuerdos y construcciones personales que nos harán volver, o llegar pues quizás jamás se ha estado en tal estado, a un nivel en que lo banal deja de oscurecer los anhelos auténticos y en que lo material empieza a transofrmase en el camino para llegar a un sentimiento más ingenuo, más inocente y tal vez más puro.

El clamor al hogar, es el clamor a lo propio, a lo que uno pertenece, y a lo que le pertenece a uno, como el perro que era nuestro y de la calle que lo vio nacer. Es clamor a su país, a su cultura, a su lenguaje, a su colegio, a su calle, a su pieza, a su cajón, a su barquito... En tal dimensión yo tengo un árbol, el que quizás sin ideas ni ganas de nada soportó las inverosímiles personficaciones que se le hicieron, soportó el peso de los jóvenes soñadores que también lo quisieron, compartió sin objetivo aparente sus frutos con el archivo de la infancia. Es el árbol compañero, ícono, presente pero lejano y prohibido.

El clamor a la vida es el clamor a los detalles y a lo grandioso que, entre tanta tecnología detestable que sólo satisface la necesidad de dejar de sentirnos nosotros mismos, de a poco dejamos de percibir, incluso de considerar. Hoy es un clamor de película, como si fuera ficción, como si no existiera tal, o cual...mal, mal. Es el clamor a la música, a la ficción, a la creatividad, a lo eterno. Y aquí, yo planto un libro, el que ya lo conoció todo, pero cuyos frutos, desechos y monóxido carbónico debe compartir. ¿Se le llama historia? ¿Ciencia? ¿Filosofía? ¿Conocimiento? No, si tuviera que llamarle, le llamaría Primavera. No, poesía. Pero no se llama, es, y es la vida.

Y el clamor a la lucha es la apropiación inteligente de la indignación, que cuando fuerte, es una fuerte lucha; que cuando débil, es una debilucha. La indignación ante la estupidez, ante la soberbia, ante la mentira, ante el egoísmo, ante la omisión, ante la hipocresía, ante la sinvergüenzura, ante el criminal de las ideas y el traidor de la confianza, esa misma, no inspira odio hacia sus sujetos y objetos, inspira clamor hacia su predicado y hacia el camino para llegar a aquel, Raquel. Entonces, escribo un hijo, y espero jamás dejar de hacerlo.

"Amo la humanidad, lo que me revienta es la gente" Quino, a través de Susanita.

Continuará...

lunes, 22 de noviembre de 2010

Contemple el a cero

Así como en el reino de los ciegos, el tuerto es rey, luego de tantas derrotas abominables un empate llega como un glorioso y anhelado trinufo. Le devuelve un poco el alma al cuerpo, alejándonos cada vez más de Inés Mesa, logrando una independencia fría, desabrida, sin sentido pero sosegada. Cual Universidad del Estado que luego años de inestabilidad por el desdén e indiferencia recibida por parte de aquél, logra nivelarse en números azules mediante la privatización.

Al fin y al cabo, solo sabemos que en el reino de los Diegos, el muerto es gay. Y el tuerto también.

Continuará...

lunes, 8 de noviembre de 2010

Proyecto 666

Como seres humanos tenemos infintas áreas de desarrollo las que van en beneficio o perjuicio de nuestras propias proyecciones.

Para las magnitudes de naturaleza, vida y existencia que hay en el Universo somos absolutamente irrelevantes. Para el orden universal la muerte de un ser humano pasa completamente inadvertida. Por eso es que no le adjudico mayor importancia, mucho menos mística, al filtro del detalle de mi propio exterminio. No es intuición, es conocimiento. Son seis años en cuenta regresiva, una broma para el planeta pero una urgencia en nuestros términos.

En una sociedad indignantemente desigual con una esperanza de vida que bordea los ochenta años, no me voy a permitir el lujo de dedicarme a la vida social si cuento sólo con el trece porciento de ella. Renuncio, pues, a la familia, a la amistad y al amor, quedando nada más que el trabajo concentrado en seis ideas tras seis proyectos en seis años.

No debe ser una limitante del trabajo la espectativa personal sobre los resultados. Es nuestro deber como privilegiados concentrar los esfuerzos en avanzar por el camino hacia lo que puede o no llegar a ser un aporte, el que depende de nuestras capacidades mucho más que de nuestras intenciones.

De este modo, sin mucho que ofrecer, sólo me queda esperar "que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente...".

Continuará...

martes, 19 de octubre de 2010

Diego Fredes no tiene quien le escriba

A casi treinta años del fatídico día en que se le ocurrió abandonar la causa que incluso en plena juventud consideró una obstinada locura con olor a obsesión sustentada en difusas e intrincadas ideas que no eran más que el anzuelo de su propia caña, se encontraba frente a la máquina de escribir en una sala fría, sin ningún tipo de decoración u orientación, llena de todo pero carente de un todo, sin poder avanzar más de una frase en lo que sería el tercer intento de su ya forzado proyecto de escribir su novela.

UNA novela debía estar inspirada en vivencias y experiencias dignas de ser relatadas, que a sus optimistas veinte años jamás pensó que tardarían tanto en llegar. Ya habiéndose rendido de esperarlas, se había propuesto inventar sobre la base del recuerdo que más sentimientos le indujese, de esos sentimientos que son pura palabra, pura historia e historia pura, y no tuvo más opción que volver al anzuelo.

EL anzuelo le contaba historias que en su conjunto representaban los mejores 7 meses de su vida con una vecindad de 5. Veía pasar senderos vegetados, ríos recónditos y secretos irreproductibles; lágrimas contenidas que se intimidaban frente a los goterones de duchas interminables; una primera sonrisa escabullidiza, itinerante y sorpresiva; campos, pastos, sábanas, terrazas, asientos, calles y bancas; celebraciones heterogéneas con gusto a timidez, confrontación, calidez, acercamiento, nostalgia y revolución; alturas observadoras, melodiosas frente a un mar testigo pero discreto; olores madrugadores, conversadores e irrenunciables; palabras virtuales, reales, difusas y poderosísimas; noches solitarias y abrumadoras inundadas de irreflexiva osadía; tardes lúdicas, inigualables, serenas, perfectas; encuentros inesperados y reacciones impensadas; aventuras fantasmagóricas y anécdotas sublimes; sueños irrumpidos por deberes y complicidad; inflexiones al tiempo y al deseo, desdichadas y desgraciadas; cotidianeidades culinarias, recreativas, inéditas y deliberadamente idénticas; soledades imperceptibles y compañías eternizadoras, motivantes, creadoras; alteraciones incontrolables, alienantes y perturbadoras; rutas silenciosas, agraciadas, anunciando alegrías y pormenores; abrazos inexpertos, indecisos e inconclusos...

FINALMENTE, luego de un suspiro comenzó: "Esos seres, los que pueden cambiar lo indefectible, no existen sino en las novelas y yo existo en la mía, por lo tanto voy a cambiarlo".

Continuará...

viernes, 15 de octubre de 2010

Sí a lo gobernado por el Diálogobernado

No me siento un ser humano porque Soy... sino porque Doy.
No espero algo a cambio porque Di... sino que di porque Sí.
Y no creo que las cosas vayan a cambiar porque Dé... sino porque Sé.
La esperanza no es en vano, quizas todo cambie y no por lo que Digo... sino porque Sigo.
Quizás no bastará para todo con lo que Sos... puede que falten Dos.
Uno no aprecia a la gente porque tengan un Don... sino por lo que Son.
A caballo regalado no se le mira el Diente... sino lo que Siente.

¿Cómo terminar con esta triste Saga... hará falta utilizar la Daga?

No tengo la voluntad de quedarme sentado acumulando Sebo... hay que respodner al país, se lo Debo.
No peleo por el fin a la desigualdad porque es un Derecho... sino porque no vaya a Ser hecho.
No espero convencer porque amenace con el Diablo... sino porque Sí hablo.
No me deben intimidar los pesares porque esto vaya a Decaer... porque Sé caer.
Hay que compartir lo que se aprende en las Salas... ¿te piden garantías? Dalas.
Y no porque alguien como tú no va a Soler hacerlo... vas a olvidar que va a Doler no hacerlo.
No se trabaja duro porque es un gran y lindo Sueño... eres responsable, de tu futuro eres Dueño.
No consideraría al Jesús un ejemplo por ser Divino... si no porque Sí vino.
No seguimos adelante porque aún no ganamos el Duelo... sino porque no ganamos ni el Suelo.
Rescatemos lo mejor de una sociedad Dolida... una organización Solida.
La lucha eterna no se hace porque Significa... sino porque Dignifica.
Lo que logremos no es lo que el poderoso Determinará... su cómodo reinado Se terminará.

Y me indigno ante todo porque no soy Siego... soy Diego.

Continuará...

martes, 5 de octubre de 2010

Inédito

A veces piensas o estás seguro de que nada de lo que puedas hacer, ya sea pintando, escribiendo o dibujando podría llegar algún día a ser siquiera razonable para el gusto general. Por esto terminamos siempre escribiendo, tomando notas de nuestros pensamientos interiores sin hacer publicación o caso alguno a los escritos resultantes. Que por qué hablo en plural, quizás por el simple hecho de querer sentirme vocero de alguna población diminuta que se vaya en un futuro imposible a identificar con esto. Da igual, siempre da igual, y no me refiero a las ecuaciones, no, sino a esta situación en que considerando todo lo anteriormente dicho poco es lo que me importa conservar un estilo, mantener una historia, adaptarme a las capacidades de entendimiento de alguien que estará indudablemente fuera de mí.

En muchos sectores, espacios y tiempos diferentes se conoce el surrealismo o el dadaísmo. Vanguardias que por su parte hacían o intentaban hacer relatos completamente espontáneos producidos casi sin intervención física, no es eso lo que intento llegar a hacer, no intento llegar a hacer nada específico, nada previamente hecho, pero todavía algo me lo impide y es el hecho, la cosquilla, el murmullo de esa voz consejera que responde inequívocamente a la pregunta del qué dirán, y mientras no me decida yo a realizar lo que mi valiente pre-yo se dispone tan enfáticamente, deduzco que estoy de acuerdo con ello o que el respeto para esa estadística es mayor que el que guardo para mí.
Sin embargo, no pienso ponerme a esperar que esa fase de debilidad se vaya y así conseguir mi propósito inicial, no, intentemos ser felices ignorando los temores, ignorando las faltas, ignorando la certeza de que todo podría ser mejor.
Qué mejor forma de hacerlo que seguir un patrón, una de esas gastadísimas pautas de escritura en que le sugieren a uno agregar o quitar fragmentos, utilizar ciertas palabras claves o qué otra barbaridad que se le ocurra al grupo que en un comienzo indefinido las creó, aunque estoy decidido a pensar que el que crea las reglas no es, en absoluto, el que las escribió, sino el conjunto de personas que optaron por seguirlas, acatarlas y hacerlas dignas de respeto.
En todo caso no era ese mi punto, no era esa la pauta con la que quería romper el límite entre esas dos sensaciones expresadas en un principio. Mi punto es diferente al geométrico, se compone de bastante más que una marca que pueda dejar cualquier lápiz existente de aquí a trescientos mil años hacia ambos lados de la línea cronológica, y, además, consta con un circunloquio a modo de introducción monumental, cosa que debe parecer bastante evidente a estas alturas del escrito.
Dolor, dolor, satisfacción, dolor, son la respuesta a preguntas como el qué pasa dedicadas a cuatro sectores de mi cuerpo. Dolores físicos, para no preocupar al lector, que esto no será un derramamiento de penurias y lamentos, que para eso ya existen las cebollas procesadas y producidas a lo moderno. Roca, silla, chocolate, encía. La relación entre estas palabras y las que cualquier persona suficientemente humana podría identificar es evidente.
Basta de esto, siento que las influencias pueden más que la cosecha propia. Y la pauta...cuándo. Hasta a mi me hace sonreír. Una presentación le haría bastante justicia a lo que llamaría un escrito encasillado, pero, al mismo tiempo, me desagrada en una medida considerable. Por esto, desisto.
Por el momento continuaré, simplemente continuaré. Qué olor aquel, el que emana la almohada propia en la mañana al despertarse luego de bastantes horas de sueño. Ese olor que parece fuese la escencia de la estructura física y que, debido a razones equinas, alusión a la acción de repetir lo de las masas, parece desagradable, pero que luego desengaña a la nariz y nos convence de que es algo propio, algo personal, que nos identifica con nosotros mismos y que no hay vergüenza alguna que se presenta al aceptar que es irremplazablemente mi preferido.
- ¿Con que cazando ideas, ah? -
Ah, por fin algo que interrumpa la monotonía inicial. Alguien ha interrumpido estas palabras con poco sentido para, quizás, entretenerme.
- Buena la presentación que me has hecho. Y a qué se debe esta nueva forma de ignorarme y aparentar que hablas solo -.
No sé si sería necesario dejar en claro algunos puntos antes de continuar tranquilamente lo que ya a comenzado, para que haya un entendimiento claro, más ligero.
- Ejem, disculpa, ¿Me escucharías un segundo?... -.
O probablemente ya es hora de que confíe en fantasmas futuros e inexistentes, por lo demás.
- Mira, si estás intentando hacerme creer que ya no me necesitas, olvídalo, bien claro tengo tus ideas, bases de humano, planes futuros, y todo lo que puedas recolectar de tu individualidad-.
Lo siento, pero no eran exactamente mis intenciones dejar de lado a quienes más aprecio. Hasta hace un momento atrás me encontraba dirigiéndome hacia otro público, uno que todavía no existe.
-Ah ¿sí?.Bueno y cómo es que yo no lo identifico o lo veo si quiera-.
Por la razón fundamental de que esto es algo que por primera vez en siete años, aproximadamente, se origina a raíz de una iniciativa propia, no de todos nosotros.
- No exageres, en todo este tiempo que nos conocemos, ¿Siete años dices?, más de alguna vez te has lanado con algo por tu cuenta. No es que estés todo el tiempo con nosotros, o conmigo, más bien, a cuestas. Qué hay del colegio, tus estudios -.
Si podría considerar eso pero de no ser válido no sería un aspecto negativo que vea de esta relación.
- Y qué hay con este público, ¿Por qué no me integras?, o prefieres que me vaya -.
Precisamente hacía notar el hecho de que tu llegada haría cambiar el rumbo que el escrito llevaba, ¿Y donde está Francis?
- Creo que poniendo atención a toda la escena que ahora vivimos para poder intervenir conocedor de todo detalle, como siempre lo ha hecho -.
Por supuesto.

Rancagua, 11 de diciembre de 2003.

Continuará...

lunes, 20 de septiembre de 2010

Odiosa odisea

Hoy he librado bestias brutales, caníbales, nefastas... olvidadas, finalizando necedades.

Elemental, mi querido Random.

Continuará...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Al partir, un atlas y un reloj



Tenía 7 años cuando recibí como regalo de fin de año un reloj blanco y un Atlas Geográfico. Fue mi primer reloj y lo usé imparablemente durante nueve años. Un impar de años después, sin razón aparente un segundo reloj, negro esta vez, llegó a muñeca. Sin saberlo satisfice durante cinco años una necesidad que se demoraría diez en llegar. Quién lo hubiera dicho, un regalo íntegramente premonitorio. No fue un presente, fue un futuro.

* * *

"No llegaron a los soportales donde estaba el cine, por­que de camino se toparon con Watch, el amigo de Sally.

Watch era un muchachito que llamaba la atención. Tenía aproximadamente la misma estatura que Sally, con lacios cabellos rubios muy pálidos, orejas enormes y largos brazos que casi llegaban al suelo.

Adam descubrió de inmediato de dónde provenía su apodo de Watch. En cada brazo llevaba dos grandes relojes. Tal vez hubiera alguno más en sus bolsillos. Vete tú a saber.

...se­ñaló los brazos de Watch—. ¿Por qué llevas tantos re­lojes? ¿No tienes bastante con uno?

—Me gusta saber en todo momento qué hora es en cada rincón del país —contestó Watch.

—Existen cuatro zonas horarias en Estados Unidos —explicó Sally.

—Ya lo sé —dijo Adam—. Kansas City va dos zo­nas horarias por delante de la Costa Oeste. Pero... ¿por qué razón deseas saber qué hora es en cada zona?

Watch inclinó la cabeza.

—Porque mi madre vive en Nueva York, mi herma­na en Chicago y mi padre en Denver —explicó Watch, y luego, encogiéndose de hombros, añadió—: Me gusta saber en qué hora vive cada uno de ellos.

Había un dejo de tristeza en la voz de Watch. Adam tuvo la sensación de que no debía preguntar por qué la familia del chico estaba tan esparcida. Sally debió de sentir lo mismo, porque pasó por alto la explicación de Watch, y siguió charlando."

Ch.P.

Continuará...

lunes, 13 de septiembre de 2010

Tres años de Soledad

Si bien era extranjera, sentía más apego por esta tierra cálida, sucia y chismosa que por esas que dejó siendo aún capaz de mirarse cada parte de su cuerpo sin obstáculo, esas que se esconden tras las gélidas frazadas arrasadoras de toda vida. Eran silenciosas, sí, pero no estaba dispuesta a ceder ni conceder adulación alguna al recuerdo que sólo le traía abandono y decepción a la demente.


Tan ágil como su juventud se lo permitió comenzó a establecerse por la vía de los negocios instalando un pequeño puesto que consistía en una tabla enmantelada ubicada sobre dos bidones vacíos de bencina, en el que vendía chocolates hechos por sus propias manos vírgenes y pensados por su incipiente resentido creativo. Al principio los clientes se conformaban con los cubitos amargos que utilizaban para saborizar la leche y el café, pero al cabo de algunos meses tuvo que triplicar la producción de animalitos de todos los tamaños y cuadruplicar los baños de pan amasado con manjar pues constituían un alimento básico para todas las familias de la villa. Con el tiempo, fue capaz de construir un almacén de madera y techo de paja, con un ventanal de vidrio y cortinas de color beige, y sobre la puerta un letrero en el que talló "El sabor róbasle", de modo que parecía que en la ciudad entera no habría tienda ni contienda capaz de quitarle la lujosa y gulosa clientela del número 27 de la calle San Frederico.

Sin embargo, sí la hubo. Con la llegada de los argentinos, se instalaron en el centro de la ciudad los grandes mercados de la fruta, que luego comenzaron a importar verduras y cereales y más tarde vestimentas y artículos para el hogar, hasta el punto en que había nada que no vendieran, inluídos artefactos de ferretería y, por supuesto, golosinas. Fue cuando decidió inscribirse en el taller de pintura que dictaba la Municipalidad, cuyos cupos siempre quedaban en el olvido, así que la falta de estudiantes le permitía al joven profesor ciudar de los tres perros vagabundos de la plaza con la esperanza de que se tratara de tres especies fantásticas, silenciosas admiradoras del arte, de su arte. Y así fue como se transformó en la mejor y a la vez peor alumna del taller. Le planteó al maestro que tenía intenciones de aprender pintura para ganarse la vida -aunque con las dificultades que lidiaba en el momento lo que realmente quería era ganarse la muerte-, lo que aparentemente fue un gravísimo error, pues le valió tres horas de sermón sobre la vileza del lucro, la pureza del arte y el valor de la austeridad. Al cabo de tres meses, el joven le dijo con solemnidad que se encontraba lista para comenzar a utilizar pintura, puesto que durante todo ese tiempo había estado practicando los movimientos del pincel sobre la tela logrando la concentración necesaria para transmitir los sentimientos, técnica que cuestionaba profundamente, que acataba con impotencia y atacaba con impaciencia, pero que logró que desarrollara una sorprendente habilidad para trazar sus sueños y anhelos en la lona, cual si lo hiciera con chocolate. Una vez adquirida la destreza, se empecinó en alcanzar un gran talento y así empezar a participar en las instancias de competencia por algún premio que le permitiera hacer la compra del mes, pues el arroz molido la estaba dejando en un crítico estado de desnutrición. Logró sobrevivir un poco más de un año pero muy pronto dejó de bastarle pues los cartones de las menciones honrosas ni si quiera servían para un buen caldo de hacha. Al cabo de tres semanas no hubo curso ni concurso que la motivara a levantarse de su catre de media plaza.

Sentía que todo se había acabado, ya no tenía suelo ni consuelo, ni siquiera la rodeaban los vívidos colores que antaño cubrían las tres paredes descubiertas que tantas historias entre ella y sus miedos encerraban. Todo era lúgubre y monótono, excepto el recuerdo de lo que esperaba que fuese su futuro que dejó de ser tan sólo un recuerdo gracias a la intervención de una cuerdas más bien locas que no le permitieron llegar a comprar otro kilo de arroz para sus próximos tres almuerzos. Lo había decidido: su tercera empresa sería la composición musical. Durante tres semanas se sentó fuera de aquella casa sin antejardín a escuchar y registrar todo lo que el músico ejercitaba y el sábado en que concluyó tal labor golpeó la puerta con el lápiz grafito que la acompañaba esos días, con la determinación de no volver a su casa sin un trabajo. Por tercera vez partió desde cero, y por tercera vez todo parecía salir a la perfección. Su trabajo consistía en escribir nuevas e innovadoras melodías que su guitarrista -quien resultó ser una mujer que tocaba su instrumento como terapia de relajación desde que hace 20 años su terapeuta se lo recomendara producto del abandono por parte de su madre quien se fue con la excusa de buscar la identidad de su padre que hasta esa fecha nunca encontró, razón por la que vivió de ahí en adelante a costa de sus padrinos que eran un par de ancianos convenientemente acaudalados y sin descendencia; era joven, de unos treinta y cinco años y aparentemente se encontraba a la espera de que alguien como ella le tocara la puerta- tocaría posteriormente en los paseos más transitados de la ciudad, acompañados con letras que ella misma recolectaba y mezclaba desde los poemas de Alfonsina Storni. Mucho más temprano que tarde recibió la oferta de que su artista tocara por las noches en uno de los restoranes del paseo principal, "El Buen Amigo", donde le agregaron el requerimiento de que la presentara con un nombre que la distinguiera. Fundó a su compañera como "La Sombra del Mar" y le compuso un repertorio idóneo para la noche más larga y poblada que tuvo jamás ese local: temas traquilos e imperceptibles para momentos de conversación, temas dinámicos y contagiosos para momentos de agitación, temas profundos y dedicados para momentos de pasión. Y fue un éxito, comprobado por el acercamiento de una señora mayor que con cierta elogiosa elegancia le propuso participar de un Gran Evento Musical organizado por la municipalidad en el que ya se contaba con expositores de renombre y a realizarse en un futuro con relativa proximidad. El entusiasmo del nuevo desafío le duró lo suficiente como para ganar tanto que pudo cambiarse a una casa más amplia y más cerca del centro, mejorar su bienes inmuebles y su vestuario, incluso para regularizar su dieta alimenticia. Pero como fue la tónica de sus experiencias en el emprendimiento continuó contradiciendo el dicho de que lo que empieza bien, termina bien y por tercera vez fracasó. Pasados algunos meses sus composiciones empezaron a escacear y ya nadie quería gozar de la compañia de la Sombra del Mar, no sirvió la compañía de una percusión, no sirvió la nueva tenida ni contenida en un enchapado de oro atraería la atención de los clientes. Su esperanza terminó por agotarse cuando se enteró de que la única oportunidad de resurgimiento que tenía no había sido más que una cruel y angustiante farsa, no era cierto ni concierto hubo, por lo que con la ayuda de la infiel banalidad de su público se autoexilió de la senda artística abandonando a Sombra, la mujer sin sombrero.

Si había autodefinido opositora irrenunciable a los dichos populares. No venció en su tercera, aunque siguió jamás lo consiguió, nunca abarcó mucho pero apretó aún menos, madrugó durante tres años y no recibió ayuda del dios, recibió mucho mal y el bien se quedó durmiendo, en fin, le estaban sacando los ojos los cuervos que nunca creyó criar. Rendida y cansada, asumiendo su suerte irrevertible de que no lograría vivir sin la dependencia de la explotación, pasó los siguientes años de su vida de mesera en El Buen Amigo. Allí, un cliente frecuente, profesor universitario de astronomía, le conversaba todas las tardes en la hora floja sobre su estudio e investigación en términos que ella pudiese entenderle. Sintió un gran temor al notar que su espíritu emancipador la estaba haciendo soñar de noche y de día con una vida estudiantil y que empezaba a tener sed de conocimiento, más los ahogó radicalmente una tarde al volver a su pieza -en la que vivía hace años luego de haberse visto en la necesidad de vender la casa que su dedicación le había otorgado- evocó las frustraciones de su pasado. No quiso acercarse a la ciencia ni conciencia adquirir de lo que se podría estar perdiendo, de lo que desconocía, de lo insondable. Y mucho más consecuente que milagrosamente, cuando empezaba a acostumbrarse, es más, a disfrutar su estilo de vida sin considerarse una fracasada, sin esperar más de ella misma, a valorar los encuentros que su trabajo le ofrecían, a aprovechar las virtudes del oficio, fue cuando las cosas empezaron a andar bien, o quizás sigueron el curso por el que estaban destinadas a pasar y que como humanos interpretamos a nuestro favor o a nuestro pavor. Su dedicación hacia la clientela generó lazos que si bien para ellos eran propios de su cotidianeidad para algunos marcaron su historia de manera íntima y por la eternidad. Luego de trece días de ausencia, cierta mañana llegó la noticia de que Antonia, una anciana que infaltablemente cada mañana pasaba por un té con leche acompañado con tostadas con mermelada de mora, había fallecido de muerte natural dejándole todos sus bienes heredables "a la cordial señorita que le daba el desayuno en las mañanas, La Buena Amiga que debía ser, que por recibir de ella lo que ofrecía era la única persona que le recordó hasta el último día que seguía siendo un ser social capaz de dar". Lo mismo ocurrió más tarde con el profesor de Astronomía y después con un militar retirado. Producto de estos reconocimientos, logró la estabilidad que anheló y tanto se desgastó por conseguir. Compró El Buen Amigo y siguió atendiendo con igual dedicación a los solitarios y no tan solitarios visitantes que entraban para reuniones de trabajo, para satisfacer su hambre de cuerpo y su hambre de humanidad. Se pasó tres años de su vida buscando la forma de encantar al mundo para ganarse la tranquilidad que al final no ganó dando lo más rebuscado sino lo más básico, sencillo y tan poco evidente.

Tres días antes de morir descubrió que el militar que la había incluído en su herencia visitaba El Buen Amigo desde los días en que Sombra tocaba públicamente, con la esperanza de volver a encontrarla para establecer un lazo inexistente que quizás podría nacer por la voluntad, y cuando empezaba a decaer su atractivo para los espectadores, aprovechó el tiempo muerto para acercársele y entablar vagas conversaciones que no llevaban entre sus líneas ninguna clase de compromiso. Sombra no era hija del Coronel ni descendiente ni condescendiente, mas lo sentía cercano como si intuyese que algo más allá del protocolar saludo los unía. Ese mismo día y contrario a su definición, escribió el epitafio que quería que se recordara, y que fue impreso en el muro principal del restorán a vista de todos los futuros clientes: "El que busca encuentra, y el que no, también. Firma, Soledad Garzón S.".

Continuará...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Iniciar Cesión

Muchas veces coincidimos en la meta final a la que queremos llegar, pero quizás más veces aún diferimos en la forma de cómo lograrlo. Si efectivamente tenemos la razón y el corazón al servicio de aquello no será el orgullo, ni la soberbia, ni el rencor, ni el afán de protagonismo lo que nos impida avanzar con destello.

Y avanzar parte por ceder, sin morir. Pero no por desinterés, eso es ofender la dicusión que se trabaja previa al consenso. Tampoco por retirarse y rendirse, olvidando que la unión hace la fuerza. Es ceder teniendo la convicción de los argumentos, la pasión del camino y la garantía de un futuro, menor, pero efectivo y aún así hacer prevalecer la unión por llegar al fin mayor.

No es casualidad que ceder sea el inverso fonético de redes. Ni que laicos lo sea de social.

Hear de noices...

Continuará...

martes, 24 de agosto de 2010

Pedrito y el Lobo

Mucho tiempo después de haberle jugado al pueblo la mala pasada de hacerlos correr por el bien de su rebaño, ya nadie estaba dispuesto a escuchar los ruegos de Pedrito, lo que sintió mucho el día en que recostado en el pasto de la falda de la montaña ve correr despavorido a uno de los animalitos en busca de cobijo. Se armó como pudo y sin aliento llegó junto al resto de las compañeras de la asustada ovejita notando de inmediato que no se trataba de ningún lobo, pues el resto seguía pastando con tranquilidad. La ovejita también mentía.
Mas, a unos 27 metros del lugar, se escondía detrás de una rocas el zorro testigo, culpable, cómplice y soñador.

Continuará...

viernes, 20 de agosto de 2010

La Metamorfosis

Entra al departamento, las llaves en el comedor; el suelo recibe la tolerancia junto al moño torturador; el botón se desprende de su ojal, veinte kilos más la preocupación aparentista se escapan esta vez; los zapatos olvidados en la alfombra yacen inmóviles, y a su lado, el qué pensaran; las medias arrugadas caen, con ellas, la aceptación de la constitución social masculina; su mano abandona el anillo cargado de tradición superficial; las lágrimas borran el escudo de sus opiniones. Detiene sin preocupación su lucha con la gravedad. Se ha transformado al fin en lo que todo el día intentó ser.

Rancagua, 24 de Julio de 2003

Continuará...